Futuros posibles: desde el laberinto de las elecciones

La imagen que vemos a continuación trata de explicar con sencillez, casi como si se dirigiera a un niño, que nuestras decisiones de hoy tienen ya consecuencias en el mundo que conoceremos mañana, que el futuro no es un lugar concreto que alcanzaremos inexorablemente, sino un indefinido escenario que se va prefigurando a fuerza de abrirse camino entre una maraña de alternativas. Detrás de estas líneas simples y esos círculos de colores se esconde un terrible dilema: continuar la senda que nos conduce a un mundo que se nos anuncia difícil de habitar o elegir el camino complejo del cambio de modelo energético, urbanístico, de producción, de consumo…

AR5-SMP-FUTUROS-POSIBLES

a) Nuestro mundo: La parte izquierda del dibujo trata de reflejar la situación actual, simplificando la inmensidad del planeta y sus desafíos en tres círculos concéntricos, donde el espacio de posibilidad vital (en verde) se ve constreñido por dos tipos de fuerzas: los estresores biofísicos y los sociales, es decir, todos aquellos fenómenos que convierten el mundo en un lugar difícil, hostil o directamente incapaz de sostener comunidades humanas. Entre dichos estresores se encuentra el cambio climático, que tendrá (mala noticia) un protagonismo creciente en las próximas décadas, y multiplicará el efecto pernicioso (peor noticia) de otras amenazas, tanto ambientales como sociales.

Fijémonos en esa banda de color verde –el ámbito de la esperanza-, que en el gráfico se define con una expresión interesante: espacio de resiliencia. La “resiliencia” no es un estado ajeno a los problemas; es, por el contrario, una estrategia de supervivencia en la que se promueven aquellas capacidades y habilidades que permiten afrontar mejor las amenazas, adaptarse a situaciones nuevas y superar la adversidad. La especie humana ha ido adaptándose y superando adversidades desde su aparición sobre el planeta, a la vez que generaba impactos y transformaciones en el mismo que, progresivamente, han aumentado los riesgos sobre sí misma y el resto de la biodiversidad. Es un equilibrio complejo, que se encuentra hoy en una delicada encrucijada.

b) Espacio de Oportunidad: Esa encrucijada es la que refleja la parte central del gráfico. Lo que nos cuenta esta red de líneas rojas y verdes es que nuestras decisiones como colectividad humana están, a partir de ahora, revestidas de una trascendencia nueva. Es una malla cuajada de hitos, esos puntos decisivos en los que una trayectoria se abre a distintas opciones que determinarán, de forma radicalmente diferente, su curso futuro.

Cada persona reconoce en su vida este tipo de momentos clave, y a veces se pregunta ¿qué hubiera ocurrido si…? Los científicos del IPCC advierten que nos encontramos en un laberinto de encrucijadas, que condicionarán nuestra trayectoria colectiva según optemos por soluciones que amplían o estrechan el ámbito de la resiliencia climática, que incrementan o disminuyen las tensiones socio-ambientales, que preservan o socavan nuestras opciones vitales.

c) Los futuros posibles: La trayectoria que vayamos desbrozando se abrirá a distintos escenarios posibles, desde el que permite la continuidad de la civilización, en condiciones de riesgo asumible y alta resiliencia, hasta el que la hace imposible, porque las amenazas hayan sobrepasado nuestra capacidad de adaptación.

Lo que cuenta esta gráfica nos pone ante una enorme responsabilidad, personal y colectiva. Nos habla de la necesidad de hacer elecciones en los diferentes ámbitos de nuestra existencia, como individuos y como comunidad humana, que nos alejen de los peores futuros posibles que aún no somos capaces de vislumbrar nítidamente. Esta grave situación es la que trata de comunicar la gráfica y, sin embargo, su efecto es muy tibio, como lo es el del resto de gráficos y miles de páginas del nuevo informe del IPCC.

Las apariciones de los portavoces del IPCC, al presentar sus periódicas revisiones del estado climático del mundo, empiezan a recordar a esas escenas de hospital en las que el equipo médico habitual comparece ante los medios para ofrecer el enésimo parte clínico de un paciente que, a fuerza de desatender advertencias, ha convertido sus síntomas en enfermedad incurable.

Cada uno de los informes del IPCC viene a ser una constatación de las previsiones más pesimistas del anterior, y las intervenciones de los expertos implicados van subiendo el tono de urgencia y perdiendo ese pudor a ser tildadas de alarmistas. Sin embargo, dejan ya una impresión de cantinela conocida, que no genera las reacciones que serían coherentes con la información presentada.

La duda se impone: ¿Conseguiremos avanzar por la trayectoria adecuada o nos dejaremos caer hacia la decadencia anunciada?

María Sintes Zamanillo

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