Contribuciones crecientes

El gráfico representa las emisiones anuales de gases de efecto invernadero debidas a la actividad humana durante el periodo 1970-2010. Los diferentes colores nos permiten reconocer el peso de los diferentes gases en el cóctel que alimenta el calentamiento global. 

IPCC_WG3_SPM_Figure_1_espcontribuciones_cuadro1¿Es un gráfico o una bofetada?

En los últimos veinte años se han puesto en marcha numerosas iniciativas con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, este gráfico nos coloca ante una realidad difícil de digerir: las medidas aplicadas ni siquiera han logrado que las emisiones dejen de aumentar. De hecho, el primer decenio del siglo XXI posee el dudoso honor de ser la década de nuestra historia reciente en la que más han crecido.  Si en el año 2000 las emisiones anuales se estimaban en 40 gigatoneladas CO2-equivalentes (Gt CO2-eq), en 2010  las emisiones globales alcanzaron las 49 Gt. El crecimiento medio anual fue del 2,2%, frente al 1,3% de las tres décadas anteriores.

Una gigatonelada son mil millones de toneladas, un millón de veces un millón de kilos. Se trata de cifras que, para la mayoría, son difíciles de concebir. Sin embargo las tendencias son fáciles de reconocer para cualquiera que vea la gráfica. Y tampoco resulta difícil sacar algunas conclusiones.

La década de las energías renovables, los productos “bajos en carbono”, el comercio y la compensación de emisiones; la década en que se empezaron a aplicar los compromisos establecidos en el protocolo de Kioto… ha sido la década globalmente más sucia. Y, nos guste o no, el total es lo que cuenta.

Si el gráfico representara los ingresos de una empresa habría que felicitar al director general. Pero lo que representa es nuestra contribución al aumento de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera terrestre y, por extensión, a la transformación del balance energético de nuestro planeta.

A buen seguro, en los próximos meses recibiremos un buen número de explicaciones para justificar la escalada de las emisiones globales. Pero, a la vista de estos datos, no podemos pretender que todo va bien; que el cambio climático es un problema en vías de solución.

Vistas a la luz de este gráfico, las promesas frente al cambio climático, difundidas en campañas publicitarias y discursos públicos en la última década, sólo pueden interpretarse como el resultado de un optimismo irracional o como meros ejercicios tranquilizadores, sin base real que los justifique.

Este gráfico revela que, desde una perspectiva global, las políticas de mitigación no están dando los resultados deseados. Es cierto que en estos años se ha construido un amplio conjunto de “soluciones” orientadas a reducir las emisiones. Soluciones que, en ocasiones, han probado su eficacia en contextos concretos. Desde ese punto de vista, es posible que la primera década del nuevo siglo no haya sido una década totalmente perdida. Pero los datos indican que, si no se generalizan esas soluciones, será imposible quebrar las tendencias.

Reconocer que las cosas no van bien es siempre un ejercicio molesto. Este gráfico nos lo pone un poco más fácil, pero sacar conclusiones siempre será cosa nuestra.

Francisco Heras Hernández

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